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Entorno - Recinto Fortificado del Castiello de Bernueces

LA EDAD DEL HIERRO

Las invasiones continentales

La edad del Bronce concluyó con la invasión de la Península Ibérica por los indoeuropeos procedentes del continente, a comienzos del primer milenio antes de Cristo. Los invasores continentales, además de la ganadería y de la agricultura, practicaban las metalurgias del bronce y del hierro, confeccionaban recipientes de cerámica y construían poblados fortificados. Hablaban lenguas indoeuropeas, célticas y no célticas, reconocían varias divinidades y practicaban el rito funerario de la incineración. Poseían una organización gentilicia en la que los grupos principales eran el clan, que reunia varias familias, y la tribu, que comprendía varios clanes.

Asturias también conoció  los efectos de las invasiones continentales y pasó por su Edad de Hierro, de la que existen abundantes testimonios, entre los cuales los más destacados son los vestigios de los poblados fortificados, los restos lingüísticos y otros elementos culturales incorporados a sus tradiciones. La mayor parte de la población asturiana actual desciende en línea directa de los habitantes de la región en la Edad del Hierro, la última edad prehistórica, que finalizó con la llegada de las legiones romanas. Veamos seguidamente algunos testimonios arqueologicos locales de la fase gijonesa de la Edad del Hierro.

El recinto fortificado del castiello de bernueces.
El castro de serín
El castro de la campa de torres
El castro de la campa de torres y las aras sestianas
El oppidum noega

EL RECINTO FORTIFICADO DEL CASTIELLO DE BERNUECES

En esta comarca de Gijón, conocemos tres recintos fortificados atribuibles, a lo que parece, a la Edad del Hierro, localizados en Castiello de Bernueces, Serín y la Campa de Torres.
Los vestigios del recinto de Castiello, parroquia de San Pedro de Bernueces, se hallan en una pequeña loma denominada El Castillo, situada al Este de la carretera vecinal que conduce al campo de golf, antes de llegar a la capilla de San Miguel, al fondo de una pradería que la separa de la carretera. La loma del Castillo es alargada en dirección NO-SE. Y sus laderas son suaves, especialmente por el SE. La superficie superior de la pequeña loma constituye una plataforma circular, en cuyo centro aflora la roca caliza que apenas resalta del suelo.

El recinto fortificado del Castillo  ocupaba la superficie de la cima, que tiene un diámetro de 80 metros aproximadamente. Los vestigios visibles del antiguo recinto fortificados son escasos, pero evidentes, y consistentes, por una parte, en un escape que circunda el recinto, perfectamente definido en su mitad oriental, donde es casi vertical y tiene unos 4 metros de altura, y desfigurado y borroso en el resto del mismo; y, por otra parte, en piedra suelta de construcción derruidas, existen entre las zarzas y arbustos que cubren el escarpe, y amontonada hacia el Norte de la explanada resultante de limpiar la finca.


El Castillo (Castiello de Bernueces)

La piedra de las construcciones derruidas es blanca y agrisada, de tamaño general como grava. Entre los restos no se ve teja ni argamasa de cal. La escasez de restos se explica por el lugar del emplazamiento entre prados y tierras de labor que hace vayan disminuyendo cada vez más para su aprovechamiento. Esta explicación la confirmaron algunos vecinos de la localidad al recordar que hace bastantes años fueron extraídos del castillo carros de piedra.

Al recinto fortificado del Castillo debe su nombre el lugar inmediato de Castiello, que ya aparece citado cuando menos en documentos del siglo XII.

La atribución de los vestigios del Castillo de Bernueces a los tiempos prerromanos de funda en el hecho de no haberse reconocido en ellos elemento específico alguno de la época romana o medieval.

“Las Referencias al Castillo de Bernueces corresponden al día 5 de julio de 1959, fecha en la que fue reconocido por el autor. EL LIBRO DE GIJÓN”. Información facilitada por Miguel Angel Nistal Bedia, Muchas gracias, Papa.

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